Literatura | Una cerveza y una gabardina (2017)

Autor: Cleon Heromenes Nireus
Ganador del Concurso de Relatos Parentalia 2017

Una noche más mi vida se iba al carajo mientras bebía otro güisqui en el Bar La Cárcel, curioso nombre porque es el único lugar donde lo más bajo de la sociedad se siente realmente libre. Las botellas delgadas de cerveza me provocaban desnudas mientras eran violadas por los dedos de borrachos varios. Me gusta este lugar porque la gente habla con delicadeza en él por las noches, nunca escucharás un ruido y aunque de vez en cuando alguien reciba una buena paliza los golpes siempre son silenciosos, ni siquiera gritan por el dolor, como si temieran despertar a una fiera insaciable o atraer la atención de la policía.

En una atmósfera negra el humo de los cigarros destroza nuestros pulmones y la melancolía incendia las gargantas hasta que es apagada en litros de alcohol, en un descontrol emocional que como una bocina clama por llamar la atención de quienes están alrededor.

Pero esa noche alguien se snetó al lado. Por primera vez en cinco años alguien quería hablarme en ese antro infernal.

─ ¿Algo que te preocupe?
─ En que me hubiera gustado nacer sin ego, probar yo que sé, ser alguien normal sin aspiraciones de grandeza o ambición.
─ ¿Sientes miedo de ser así, como eres?
─ ¡Por supuesto que sí! No tengo control sobre mi vida porque soy como un mar ahogándose en sí mismo.
─ Seguro que no has temblado nunca por una mirada, por el tiempo transcurrido sentada aquí, en silencio, distraída, bebiendo como si fuera tu última
noche en la Tierra.
─ ¿Olvidarás todo esto?
─ ¿El qué?
─ Este local. Estas caras. Mi cara.
─ Te diría que no por compromiso, pero sabes igual que yo que no eres nada del otro mundo. Podría salir ahí fuera y soltar un par de billetes a cualquier fulana
que me atendería con más ímpetu que una borracha como tú.
─ Lo sé. Y me encanta esa manera que tienes de decir estas cosas.
─ Se llama sinceridad.

Terminó su vaso de vino tinto y salió por la puerta. Ni siquiera me dio tiempo a decirle que se había dejado olvidada su gabardina sobre la silla. ¡Se había sentado encima de ella! Me llamó la atención porque era como la del personaje protagonista de “Casablanca”. Parecía sacada de otro tiempo, tan lejano… Como el Bar La Cárcel, como
los borrachos que eran compañeros de este naufragio vital.

Decidí que era un hombre que valía la pena. Así que busqué la documentación en el interior de la gabardina. Miré la dirección y fui a su casa. Me abrió la puerta una mujer anciana que resultó ser su madre. Casi le da un infarto cuando le dije que le llevaba la gabardina a su hijo, no estoy segura hasta qué punto fue por mi aliento alcoholizado o porque él llevaba más de cinco años muerto.

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