Segundas Dionisias en 2017

Celebramos las Segundas Dionisias de este 2017 en curso.

Se trata de una de las fiestas más importantes en la tradición, ya que marca el paso – junto a la de Core y Hades – entre el tiempo de las cosechas y la recolección así como de la naturaleza viva en primavera y verano hacia el recogimiento del invierno.

Conmemoramos ahora el tiempo en que Dioniso fue destruido por quienes lo odiaban, así como su retorno del Más Allá para ser encumbrado como Dios. Su sacrificio sirvió para que la Humanidad tomara consciencia del ciclo de vida, muerte y resurrección, tal como sucede en todos los elementos de la Naturaleza, demostrando que no debemos temer al invierno y a cualquier cambio en el clima o suceso que nos acontezca, ya que todo tiene remedio y además es cíclico, por lo que volveremos en cualquier caso a disfrutar de buenos tiempos en el futuro.

Dioniso siempre estuvo acompañado desde su más tierna infancia de las mujeres, las Ménades y ninfas que no solo lo educaron sino que contribuyeron de forma decisiva a su formación intelectual y emocional, demostrando así la buena fortuna de coexistir con mujeres, sus aportaciones al Dios de la Naturaleza y la Alegría, su presencia constante en los ciclos vitales del Dios. Es por ello que quienes son incapaces de comprender la profundidad del Ser femenino atentan no solamente contra la propia mujer a la que agreden o desprecian, sino contra el propio Dioniso y las contribuciones que Él hizo por todos nosotros.

Fue precisamente en esta época del año cuando Dioniso descendió al Inframundo para rescatar a su madre, Semele, la Diosa Lunar, y ascender con ella al Olimpo, donde reinó a partir de entonces siendo Diosa. El descenso al Inframundo nos habla sobre la necesidad de profundizar en nuestro interior en una época del año donde la mayoría del día lo pasamos no a la intemperie sino en recintos cerrados y con recogimiento. Un momento ideal para analizar qué hicimos este año y empezar a planificar acontecimientos futuros.

Es ahora el mejor momento para honrar al Dios a través del Himno Órfico XXX, acompañada la plegaria de abundante incienso:

Invoco al atronador Dioniso, que lanza su ritual grito, primigenio, de dual naturaleza, engendrado tres veces, soberano transportado por los delirios báquicos. Agreste, inefable, obscuro, provisto de dos cuernos, biforme, cubierto de yedra, de faz taurina, belicoso, que se celebra con gritos de júbilo, sagrado; que se complace en la carne cruda, de trienales festividades, adornado con racimos de uva y revestido de tiernas ramas, Eubuleo, prudente, engendrado por la secreta unión de Perséfone y Zeus, deidad inmortal. Escucha, afortunado, mi voz, danos tu aprobación, suave y benévolo, con un corazón propicio, acompañado de tus nodrizas de bella cintura.